Cada día paso por una calle en obras, están instalando fibra óptica de un
operador telefónico.
Los hombres tienen el hábito de mirar cualquier falda que vuela ante sus
ojos, es un acto mecánico. Estos días pasados me sucedió algo muy erótico.
Llevaba un vestido blanco con orquídeas muy pequeñitas ajustado al talle y
con una falda mini justo encima de la rodilla. Me encanta ese vestido. Deja un
hombro fuera mientras que el otro queda debajo de un pequeño volante que rodea
todo el pecho. Me queda ideal.
Cogí una flor del jardín y me la puse en el pelo, unos jazmines pequeñitos.
Siempre me gusta ir coqueta aunque vaya al Supermercado. El tacón para mi es
fundamental, tengo decenas de zapatos, me encantan los zapatos y estas eran
unas sandalias blancas con tiras rodeando la pierna, estilo romano….¡divinas!
Me sentía guapísima.
Cuando llevo a los nenes al autobús del cole, rodeo para no pasar por ahí,
porque voy menos arreglada y ahí, precisamente ahí, hay alguien que ha
despertado mi morbo.
De los tres que hay este es el más joven, más tímido y más guapo. Mientras
que los otros dos dicen cosas apenas inteligibles, él, en un segundo plano sólo
mira. Pero esa mirada lo pone por encima de los otros. Tiene unos ojos grises
profundos y unos labios carnosos que con su seriedad y juventud lo hace rematadamente deseable y apetecible.
Pues bien, este día en concreto, iba totalmente preparada para hacer algo,
decirle algo, pero era un asunto realmente imposible, pues en cuento me veían
aparecer por la esquina, siempre sucedía lo mismo; dos balbuceando y él quieto
mirando.
Seguí adelante y al regresar lo vi atravesar el jardín, esa era la
oportunidad. Lo seguí. Iba directo a una tienda de esta de chinos a comprar
cerveza para almorzar. Una vez dentro estaba en la cámara de las bebidas y me
puse al lado de él, no necesitaba nada, pero era la ocasión para intercambiar
unas palabras. Comprendí que sería imposible, pues se quedo mirándome el pobrecito con
cara de no entender casi nada; Es ruso.
Le pedí que sacara un refresco verde al maracuyá frío pero del fondo, y me
miraba a mí y a la cámara sin saber cómo agradarme. Se encogió de hombros y
entonces esbozó una sonrisa y el local se iluminó, comenzó a sonar una música
celestial sólo realizada por ángeles, y la física tomó un nuevo rumbo cuando el
monitor de vigilancia del chino, anoto que se detenía hasta pararse del todo El
Tiempo! ¡Qué tío más guapo, coño!, hizo que me temblaran las piernas. ¡Pero qué
guapo!
¡Quería follármelo! Y no sabía cómo.
Nos marchamos de allí cada uno por su lado.
Al día siguiente, yo iba viendo como avanzaban en el trabajo temiendo
cualquier día no encontrarlo más, pues aquello iba rápido Tenía que hacer algo.
Entonces lo pensé; ya sabía qué.
Supuse, que todos los días lo enviarían al pobrecito a hacer el recado de
la cerveza, y supuse también que seria a la misma hora. Y realmente supuse
bien.
Hoy fui por la otra calle y esperé detrás de un coche a verlo aparecer y ahí estaba, con esos andares y ese culo que me tenían desorientada. Sabía que
tenía pocas probabilidades de que me entendiera a la primera, y no sabía cuál
de todas las frases pensadas y premeditadas le iba a soltar, tenía que verlo y tenerlo
delante, entonces se me ocurriría algo y así fue.
Cuando me vio detrás de él alargó la mano y saco un refresco pues entendió que quería eso, se giró, y con una sonrisa y un gesto me quiso decir;
- ¿Esto? Querer esto? ¿lata?
Y yo le dije
- No. Tú. Querer tú.
Y le toque con un dedo bajo el ombligo mirándole a los ojos con la mirada
más picara que pude sacar. Miró a un lado y otro a ver si nos observaba alguien, y me miró fijamente a los ojos encogiéndose de hombros con
media sonrisa. Yo le volví a tocar más abajo aun con mi dedo, diciéndole muy
despacito y totalmente claras mis intenciones;
- Tú.- Lo entendió perfectamente.
- ¿Dónde?
- ¿Coche? - Dije yo en una conversación casi sin palabras.
- Coche, sí. Después, no mi coche ahora.
- Después. ¿Hora?
- ¿Siete?
- Preguntó él.
- Siete.
¿Tu teléfono?
- Oh
sí, teléfono
Se fue a pagar, tomó un papel y lo anotó.
Bueno, tenía el tiempo justo para llamar a mi amiga, prepararlo todo y
salir pitando de allí. Pero no veía muy bien cómo hacerlo pues a las ocho tenía que
estar en casa, como mucho a las y media. No tenía tiempo y quería disfrutarlo
bien. He ido corriendo a la cabina y lo he llamado;
- ¿Es posible 5 horas?
- ¿Cinco horas? Sólo viernes
cinco horas.
Entendió que le decía que quería verlo cinco horas y no a las 5 de la tarde,
pero entendí, que el viernes por la tarde no trabajaba, con lo cual disponía de
esas cinco horas.
- Ok, ¿viernes a las 4 horas tarde? - Pregunté.
- Ahá, perfecto. Correcto. Cuatro horas tarde viernes vengo.
- Ok, yo esperar a ti aquí cuatro horas viernes tarde.
Y así, en este idioma de indios comanches hoy preparé una cita fantástica
para el viernes. Un poco después entendí que él me respondía como yo le
preguntaba; a lo indio. Porque tiene un español bastante aceptable. Por
supuesto que cuando llegue le diré;
- Sigue
al taxi.
Y me llevará el taxista con mi amante detrás al hotelito donde estuve con
aquel señor fantástico de Badalona.
Ese 1’85 de hombre con 28 años máximo y los ojos más bonitos que he visto
en mi vida, estará en mis brazos el próximo viernes. Apenas puedo dormir de
pensarlo, me excita. Sé, me consta, me he fijado, de que además tiene una polla
a mi medida.
Son las tres de la madrugada y no puedo dormir. Mi marido duerme y debe de
estar en fase Rem, me voy a acostar y soñaré con su boca, me hace muy feliz.
Estoy cansadísima hoy pero tengo una sonrisa que tendré
que modelar con escayola, si no quiero que me delate.
Lo primero que he de decir es que repetiré. Con este sí. Pues sé que no
voy a enamorarme, ni hay problemas de que se enamore él. Es un encanto.
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