Prefiero que se bajen con los abuelos a que estén viéndome y presintiendo
mi dolor; yo, parece que me he acostumbrado a estar sola. Estos fines de semana
disfruto de mi soledad. No me apetece oír a la gente reír, ni que vengan a
tocarme al aguinaldo. Evito los compromisos de las compras todo lo que puedo;
no me apetece salir. Saco los álbumes de fotos; cuando nació mi Fuensanta, que
larga era, ¡así está ahora!, a mi Paco le dio por dejarse la perilla en aquella
época, y sale en las fotos que parece ese, el de Montecristo ese. En el video
del bautizo de mi hijo salen mis abuelos, gente que ya no está. Tiempo presente
grabando tiempo pasado, rememorando mi vida por no querer vivirla, ahora. Pensar
que no me ama ya no me duele porque escurrí todo el dolor que esto me hacía,
pero pensar remotamente que desaparezca de mi vida, me produciría algo similar
a la muerte; a querer irte ya. No puedo hacer nada para que me vuelva a amar;
cuando dejan de quererte pasan a ignorarte. Es lo peor, gritar en la noche y
que no te escuchen, y si lo hicieran nunca te respondan.
Aunque me miro al espejo y veo que estoy ajada, ojerosa, lánguida, me
sobran pelos; cejas, bigote lindo, axilas,… ni que decir piernas, coño, tampoco
lo arreglo; Paco llega de madrugada los sábados y a esa hora es normal que
estés sin peinar sin pintar y durmiendo. Por la mañana del domingo, se marcha
también; ¿cuando tenía tiempo de mirarme?; Nunca. ¿Para qué me iba a mirar yo?
Escuché en la tele cambiando
canales, que una mujer lo abandono todo y se marchó con un hombre de Ecuador.
Esas historias nunca habían sido “santo de mi devoción”, pero en
mis circunstancias ésta si lo
era; memoricé absolutamente cada frase y gesto de la madre que vía satélite
hablaba desde allá, al marido y suegra, que le respondían desde la salita de su
casa con la mesa camilla adornada de mantecados y
polvorones. Ambos bandos comenzaron a remover la orza del
pasado, hasta sacar a la superficie los posos de la misma; se reprocharon temas de
antes de la boda.
Seguía el programa con
periodistas, psicólogos, vocal de alguna asociación pro, "enteraos"... todos
opinando sobre la vida de los otros, y juzgando, mientras, yo me quedé inmersa
en mi burbuja, en ¿qué haría yo? ¿A quién juzgar? A quien culpar cuando yo te
hice esto, porque tú me hiciste lo otro a partir de que yo te hiciera aquello...
La 1:28 marca el reloj de la
cocina, estoy entera y no he llorado esta noche pero comienzo a recordar los días
en los que nos conocimos, las
cosas que nos decíamos, la subida en el 4latas al monte en el que todos los que
fuéramos; cabíamos. Este tiempo me produce nostalgia y congoja, pero sigo... El
día que se fue a la mili, a Ceuta que me lo mandaron más de un año, en nuestra
impaciencia por encontrarnos a solas cuando venia apenas veinte horas; aguantando
el frió por estar juntos, en un banco de piedra que helaba hasta la hipo-dermis mis nalgas,… por estar juntos el vaho de
la escarcha era las nubes donde se escondía nuestro amor, para besar en
secreto, recordé los abrazos que le di a su chaqueta, esa que me prestó
echándomela por los hombros esa noche y que aun tengo. Recuerdo sus lagrimas
cuando vio la cara de nuestra primera hija y las que echó el día que se perdió en el
centro comercial tres horas, esas también las recuerdo; andaban mezcladas con
las mías. Y del día de esa foto de enfrente también me acuerdo; Paco y su hijo,
sus cañas de pescar y sus truchas y percas. Paco está presente en todos los
momentos de mi vida, y ¿ahora qué?
Entonces sí, rompo a llorar,
porque desde lo más profundo de mi alma el dolor punzante que destroza mi corazón
al salir y que me revienta la vida, dejándome sin salida, no puedo concebir que
todo esto se haya acabado. Yo creía que esto era toda una vida, yo no he
olvidado nada de lo que vivimos, ¿cómo puede haber desaparecido todo? ¿Por qué ha
cambiado tanto?, la culpa es mía, por dejar enfriar la pasión, por no saber
estar siempre sexy o al menos sensual cuando llegaba. Ahora ya ni llega, ¿para
qué cambiar?
Llorar y dormir me
consuela, hoy no escribo más.
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