sábado, 22 de febrero de 2014

Noviembre 2009 - Una verdad loca; Descubrir una infidelidad.

A veces las cosas son muy obvias y voluntariamente las ignoramos; no es posible, no. Eso no puede ser.

Tenemos miles de dudas y preguntas que se quedan dentro; por no empezar. Mientras que no nos daña, la dejamos ahí, sí, a la duda me refiero. La vamos dejando que crezca y se haga fuerte y demoledora, que nos silencie. Después, años después he comprendido, ¡qué necesaria es la transparencia y sinceridad de tu amado/a, acompañada de la tuya propia! Será lo único que mate a la duda en tus armarios, en tu sofá… Pero la vida es larga, sí, larga; para cometer errores, corregirlos e incluso volverte a equivocar.

Una palabra vale más que una realidad. Un juramento lo arregla todo, es lo mejor para seguir engañándote;

<<Te lo juro>>.

Mágica frase breve para el ciego que no quiere ver, o mejor dicho; para el que ve y no quiere aceptar. Pero la verdad siempre cae aplastante, sólo, como todo, es cuestión de tiempo.

Jamás había tocado su móvil, no era objeto de mi deseo, en sí no tenía nada que me atrajera. Pero el día que debe de ser; simplemente es.

Fue en Junio, acabábamos de llegar de fin de semana; el primero de las vacaciones escolares de verano. 

Parecía que día a día nos queríamos más, éramos felices. En realidad pensaba que nadie me podía querer más en el mundo y que el mío, mi mundo, no era nada si no estaba él. Me sentía muy cómoda y segura en la vida, tanto que ni reparaba en ello.  Sentirle cada vez que me abrazaba era sentir la protección y el amor más grande. Mi marido era, el eje en el cual giraba toda mi vida. Todo empezaba y acababa en él; En Paco. Las parejas tienen sus rutinas, nuestra historia la escribíamos así;

Ese día mientras bajábamos bultos en la puerta, dejó su móvil revuelto con las bolsas en la mesa de la cocina. Desde afuera me dio una voz;

- Mari, voy a guardar el coche a la cochera.

La misma escena de los últimos once años, pero esta era el principio del fin.  Sonó un mensaje, fui a la cocina pues inmediatamente pensé que era algo referente a los críos que estaban en casa de mi suegra tres pisos más abajo; eran las 11 de la noche, lo primero que sentí fue preocupación, un sobresalto, nunca una desconfianza.

“Gestoría Retes; No sé si podr soportar sto muxo +, cada fin d smna k t vas m muero. Vendrs mñna? T kiero>”

Lo leí, una y otra vez, no; eso no podía ser.

 <Quizás se equivocó. Pero tenía memorizado el numero; ¡”Gestoría Retes”. Bueno, eso no significaba nada. Quizás aun así se equivocó. Quizás envió a otro número, el de mi marido por error, a veces pasa, los dígitos de los móviles son pequeños, a lo mejor no se puso las gafas y hay alguien que se llama como él, "Paquito" es un nombre "multinacional", quizás, quizás, quizás…>

No supe qué hacer. No tenía tiempo de pensar ni de calmar mi ansiedad. Tampoco quería que viera que lo había leído; lo borré.

La verdad es, que no quería ni verlo, no quería que existiera ese momento. No podía pensar, pero al pensar en él se desmoronaba todo, no, no era posible. Seguro que era un error; mi Paco no,

< ¿Te has vuelto loca María? ¡Te ama chiquilla!>

Pero en mi cocina, en mi casa, esa noche desde su móvil cayó la semilla de la duda.

Escuché el golpe al cerrarse la puerta y mi mente iba y venía de una palabra a una escena, de un momento a unas letras, un nombre; Gestoría Reyes. Rápidamente atravesé el pasillo y me metí al baño. Cerré la puerta con el pestillo; nunca lo hacía pero esa vez necesitaba tiempo.

<Estás dándole una magnitud muy grande a esto, no sabes nada, es una equivocación,… estoy segura. ¿Cómo eres tan tonta de ponerte así por una equivocación?> – Me repetía continuamente mirándome al espejo, y tocándome la cara, los labios, el pelo…

-  ¿Estás en el baño?...- Tóc- Tóc. Y escuché sus pasos que se alejaban.

Abrí la ducha y deje caer el agua. No sé por qué hice esa idiotez; no quería encontrarme con él cara a cara. Era una situación ridícula, ¡Yo no había hecho nada!

-  Sí, me estoy duchando, salgo ya.

Enseguida me asaltó de nuevo la duda:

< ¿Por qué no ha girado el pomo y ha intentado entrar? ¿Por qué no se ha metido en la ducha conmigo? ¡Está en el baño de los críos!, ¿Por qué ya no quiere mi gel de leche?, o ¿Es que le da igual mi gel de leche? ¿Lleva arañazos? ¿Algún chupón?; seguro.>.

Entré en el bucle mareante de las “absurdas-sin-respuesta” que como un tornado fue creciendo hasta tomar dimensiones descomunales y devastadoras, como iré contando.

Esa noche hice como que dormía antes de tiempo pero en realidad no concilié el sueño en toda la noche. Sabía que algo estaba sucediendo. Hay algo dentro de ti que te avisa, no te engaña; aunque necesitemos la mentira para seguir. Entonces empiezas a atar cabos, y ves la mentira, ¡La ves!

- Aquel día que bajó deprisa a comprar una espuma de afeitar distinta, que no necesitaba.
-  Esa forma de andar pegado todo el día al móvil.
- Las llamadas que dice siempre; que se han equivocado
- Cuando estuvimos en el campo y se metió al coche cuatro veces a hablar.
- La comida semanal, que nunca la ha habido.
- Ese olor que trae a veces, que no es que no sea suyo es simplemente otro olor.

Había pasado una semana y aquello me roía como carcoma, notaba el miedo incrustado en mi píloro, mi cólera contenida, en la desesperación de no querer saber la verdad aunque la perseguía. Era la noche perfecta; los nenes estaban abajo.

No sé de dónde saqué el impulso para coger su teléfono y esconderlo; lo metí en una bolsa y lo enterré en el rosal por si sonaba.

Acababa de llegar y no comprendía que no apareciera su móvil; empezó a llamarse desde el teléfono de casa. Se puso loco buscándolo, ahí me di cuenta de que estaba cada vez más en lo cierto.  Salió hacia el polígono industrial como opción de que hubiera quedado en la nave; mientras yo lo cogí, y exactamente con el estilo d mi Paco envié un mensaje a Gestoría Reyes.

“¿Recuerdas lo que hablamos?Tengo una sorpresa para ti.”

Era un mensaje que si no era “ella” pasaría como un mensaje equivocado más, pero cuando saltó el teléfono con la respuesta lo cogí y me agaché de cuclillas para leerlo, no podía; aun no lo había hecho y ya me dolía el corazón.

Pensé incluso en borrarlo sin leer, no sabía si estaba preparada para hacerlo;

“ T e dixo alguna vz kt kiero?.bss.“

Cuando entró por la puerta me encontraba rota en el sofá. Todo lo que me pasaba por la mente con furia se me helaba al pasar por el corazón, se lo lancé a la cabeza, literalmente;

-  ¡Ahí tienes tu puto teléfono! – colisión con frontal izquierdo.

Gritos, llantos, peleas, portazos.

Andaba por la casa con la bata entreabierta, llevaba tanta velocidad que se abría en las curvas que daba, mi cabello ondulaba al viento como si realmente volara; parecía en el espejo del pasillo que me hubiera vuelto Drácula.

Fue una amenaza de guerra en la que cada uno estratégicamente y sin tiempo para reaccionar, posicionaba sus piezas; sus preguntas, sus respuestas. Una noche larga de tensión, de ultimátum, de separación de los lindes de la casa. El territorio Sur para mí; la cocina. El norte para él; su despacho.

En mi cocina, grande, en forma de ele, y dentro de la ele una galería donde tengo secadora, plancha escobero, despensa etc. tenía mi rincón con un sofá y una tele. Para desayunar los nenes. Con mis amigas, para el café. Para escribir, para chatear mientras controlo la cena, incluso alguna siesta; mi rincón.

En la zona norte, el despacho era sombrío; pero él sólo lo utiliza de noche, y allí tiene su rincón con sillón, televisión, video juego y ordenador en la mesa.

Para los enfrentamientos se utilizaba la parte central que era territorio neutral; el comedor, nuestro dormitorio y su baño, y dos metros de pasillo. Esto aunque es poco, era de una utilidad tremenda, era como el estrecho de Cádiz; por huevos tenias que pasar por ahí.

Yo no soy científica ni nada que se le parezca, pero me resulta cuanto menos peculiar ese comportamiento;

Todas nuestras guerras se ejecutaban así, y es un hecho muy común en las parejas esto de la territorialidad. En una casa cada uno se atrinchera en sus m², y si casualmente el “enemigo” te acecha y sorprende en tu lado, la cocina por ejemplo, pues como si fuera sólo tuya en escritura pública ante ilustre notario, reaccionas así;
- ¿A qué vienes? Se puede considerar primer aviso, al tres disparo.
-  A beber agua, ¿puedo?- se considera solicitud; vale.
-  Puedes. . solicitud aceptada.

Si se demora en salir y comienza conversación en territorio hostil, enseguida se “empuja” al otro hacia la zona neutral; lo echas de la cocina. Y entonces ahí, ya se está tranquilamente discutiendo; el comedor es el lugar.

Las semanas y meses siguientes llegué a enfermar, muy enferma. Creo que no recuerdo tanto dolor tan físico en mi vida; me dolía realmente el corazón. Estaba como loca; no podía comer, nada me entraba, los kilos me caían por el pasillo como coágulos de desamor de 50 grs cada uno; perdiendo nueve kl en dos meses. No dormía. Gastaba más de trescientos euros en teléfono llamando a mi marido; lo hacía cien veces al día, después a mi amiga, a mi madre.

No sabía qué hacer, pensé en dejarle y tampoco podía. Tenía que decidir pero no tenía más fuente de ingresos. Ni fuerzas siquiera para pensarlo, estaba derrotada.

La mentira es una nube que lo cubre todo; no permitía ver más allá de lo que en ese momento sucedía, la amenaza de lo que se acercaba era invisible. Era como cuando intenta tragarte el mar; no sabes qué sucederá dos minutos más allá, sólo existe ese momento confuso y fugaz, que no da tiempo a pensar nada más que en sobrevivir, ese instante. Sin saber después qué...

Así vives una situación de infidelidad; ¿Qué sucederá mañana?, ¿Qué sucederá esta noche?, ¿Qué pasará cuando venga? ¿Qué estará pasando ahora?

Han pasado cuatro meses, y ahora no sé muy bien si me llamo María o nunca me llamé así. Pero aquí todo sigue igual, ya me dejé llevar por la corriente kilómetros más abajo por la ladera, ya dije; Basta, no puedo más.....y aquí sigo.






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